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Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres

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Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres

Mensaje por Talisman el Sáb Mayo 21, 2011 4:14 pm



Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres

La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies amenazadas
de Fauna y Flora Silvestre (CITES) es un acuerdo internacional concertado
entre los Estados, que tiene por finalidad velar por el comercio internacional
de especies de animales y plantas silvestres.

Se estima que anualmente el comercio internacional de vida silvestre
se eleva a millones de dólares y afecta a cientos de millones de
animales y plantas. El comercio es muy diverso, desde los animales y plantas
vivas hasta una vasta gama de productos de vida silvestre derivados de
los mismos, como los productos alimentarios, los artículos de cueros
de animales exóticos, los instrumentos musicales fabricados con
madera, la madera, los artículos de recuerdo para los turistas y
las medicinas.

Los niveles de explotación de algunos animales y plantas son
elevados y su comercio, junto con otros factores, como la destrucción
del hábitat, es capaz de mermar considerablemente sus poblaciones
e incluso hacer que algunas especies estén al borde de la extinción.

Muchas de las especies objeto de comercio no están en peligro,
pero la existencia de un acuerdo encaminado a garantizar la sustentabilidad
del comercio es esencial con miras a preservar esos recursos para las generaciones
venidera.

Hoy en día, la Convención ofrece diversos grados de protección
a más de 30.000 especies de animales y plantas, bien se comercialicen
como especies vivas, como abrigos de piel o hierbas disecadas.

La CITES se redactó como resultado de una resolución
aprobada en una reunión de los miembros de la Unión Mundial
para la Naturaleza (UICN), celebrada en 1963 . El texto de la Convención
fue acordado en una reunión de representantes de 80 países
celebrada en Washington DC, Estados Unidos de Norteamérica, el 3
de marzo de 1973 y entró en vigor el 1 de julio de 1975. Durante
muchos años, la CITES ha sido uno de los acuerdos ambientales más
importantes y cuenta actualmente con más de 150 miembros.
Principios Fundamentales

Reconociendo que la fauna y flora silvestre, en sus numerosas, bellas
y variadas formas constituyen un elemento irremplazable de los sistemas
naturales de la tierra, tienen que ser protegidas para esta generación
y las venideras.

Concientes del creciente valor de la fauna y flora silvestre desde
los puntos de vista estético, científico, cultural, recreativo
y económico.

Reconociendo que los pueblos y Estados deben ser los mejores protectores
de su fauna y flora silvestre.

Reconociendo además que la cooperación internacional
es esencial para la protección de ciertas especies de fauna y flora
silvestre contra su explotación excesiva mediante el comercio internacional.
Como funciona la CITES

El objetivo de la CITES es someter el comercio internacional de especies
de determinada fauna y flora silvestre a ciertos controles. Lo que significa
que toda importación, exportación, reexportación o
introducción procedente del mar de especies amparadas por la Convención
sólo podrá autorizarse mediante un sistema de concesión
de licencias.

Las especies amparadas por la CITES están incluidas en tres
Apéndices, según el grado de protección que necesiten:

A) Apéndice I: Se incluye todas las especies en peligro de extinción.
El comercio de esas especies se autorizará solamente bajo circunstancias
excepcionales.

B) Apéndice II: Se incluye especies que no se encuentran necesariamente
en peligro de extinción, pero cuyo comercio debe controlarse a fin
de evitar una utilización incompatible con la supervivencia.

C) Apéndice III: Se incluye especies que están protegidas
al menos en un país, el cual ha solicitado la asistencia de otras
Partes en la CITES para controlar su comercio.
Cada Parte en la Convención debe designar una o más Autoridades
Administrativas que se encargan de Administrar el sistema de concesión
de licencias y una o más Autoridades Científicas para prestar
asesoramiento acerca de los efectos del comercio sobre la situación
de las especies.

Sólo podrá importarse o exportarse (o reexportarse) un
animal o vegetal de una especie incluida en los Apéndices de la
CITES si se ha obtenido el documento apropiado y se ha presentado al despacho
de aduanas en un puerto de entrada o salida. Aunque los requisitos pueden
variar de un país a otro y es aconsejable consultar las legislaciones
nacionales.
La Secretaría

La Secretaría de la CITES desempeña una función
primordial para la Convención y sus funciones son las siguientes:

-Desempeñar un papel de coordinación y servicio
en la labor de la Convención.

-Actuar como depositario de los informes, muestras de permisos y otra
información remitidas por las Partes.

-Realizar, en el marco de programas acordados, estudios científicos
y técnicos ocasionales sobre cuestiones que plantean problemas de
aplicación de la Convención.

-Preparar informes anuales para las Partes sobre su propio trabajo
y sobre la aplicación de la Convención.

-Organizar las reuniones de la Conferencia de las Partes y los comités
permanentes regularmente y prestar servicios a esas reuniones.

-Formular recomendaciones sobre la aplicación de la Convención.

-Realizar cualquier tarea que le encomiende las Partes.

La Secretaría distribuye la información a la Partes por
ejemplo, mediante notificaciones, generalmente en los tres idiomas de trabajo
de la Convención: español, francés e inglés.
Conferencia de las Partes

Las partes (Estados miembros) en la CITES se denominan colectivamente
como la Conferencia de las Partes. Cada dos o tres años, la Conferencia
de las Partes se reunen para examinar la aplicación de la Convención.
Estas reuniones, organizadas normalmente por una de las Partes, suele durar
dos semanas. Estas reuniones, que se denominan frecuentemente CdPs, ofrecen
una oportunidad a las Partes para:

-Examinar documentos de trabajo e informes presentados por la
Secretaria, las Partes, los comités permanentes y otros grupos de
trabajo.

-Tomar las medidas necesarias para velar por un buen funcionamiento
de la Secretaria.

-Recomendar medidas para mejorar la eficacia de la Convención.

Las reuniones son una buena ocasión para que los participantes
inicien o renueven relaciones y examinan los problemas planteados y los
éxitos cosechados. En las reuniones de la Conferencia de las Partes
participan no sólo las delegaciones de las Partes de la CITES, sino
también observadores. Entre estos, los representantes de los Estados
que no son Partes en la CITES, de las organizaciones de las Naciones Unidas
y de otras convenciones internacionales. A juicio de las Partes, también
se autoriza la participación de observadores de organizaciones no
gubernamentales interesadas en la conservación o el comercio, los
cuales pueden participar sin derecho a voto. El público en general
también puede asistir pero no puede participar en los debates.

Comités Permanentes

A fin de facilitar la labor de la Conferencias de las Partes y velar
por la continuación de los trabajos entre reuniones, la Conferencia
a establecido cuatro comités permanentes a fin que le presenten
informes. Estos comités son: el Comité Permanente, el Comité
de Fauna, el Comité de Flora y el Comité de Nomenclatura.

El Comité Permanente proporciona orientación política
a la Secretaría en lo que concierne a la aplicación de la
Convención y supervisa la administración del presupuesto
de la Secretaría. Además, coordina y supervisa, según
proceda, la labor de los Comités y los grupos de trabajo, realiza
otras tareas encomendadas por la Conferencia de Partes, y prepara proyectos
de resolución para presentarlos a la consideración de la
Conferencia de las Partes.

Entre las cuestiones más relevantes abordadas por el Comité
Permanente cabe señalar el seguimiento de las desiciones para reanudar,
de forma limitada, las transacciones comerciales de elefantes, la conservación
y el comercio del tigre, problemas de observación en algunos miembros
y la preparación del Plan Estratégico de la Convención.

Los miembros del Comité Permanente son países. Los miembros
votantes son Partes que representan a cada una de las seis regiones geográficas
(Africa, Asia, Europa, América del Norte, América Central,
América del Sur, el Caribe y Oceanía). El número de
representantes refleja el número de Partes de cada región.

Los miembros que representan a las regiones eligen la Presidencia y
la Vicepresidencia del Comité. Todas las Partes que no son miembros
del Comité Permanente tienen derecho a enviar observadores a sus
reuniones. Además, la Presidencia puede invitar observadores de
cualquier país u organización.

Los Comités de Fauna y Flora se establecieron para colmar las
lagunas en los conocimientos biológicos y especializados en relación
con las especies de fauna y flora que están (o podrían estar)
sujetas a controles comerciales de la CITES. Su finalidad es proporcionar
apoyo técnico en la toma de decisiones sobre estas. Ambos comités
tienen mandatos semejantes:

1) Realizar exámenes periódicos de especies a fin de
garantizar la apropiada categorización en los Apéndices de
la CITES.

2) Asesorar cuando ciertas especies son objeto de comercio insostenible
y recomendar medidas coercitivas.



La situación en Argentina

La cacería ilegal de la fauna autóctona es un flagelo
que aumenta constantemente en todo el mundo. En la Argentina, la persecución
despiadada de nuestra fauna por distintas técnicas de caza ha puesto
en jaque numerosas especies y comprometido su subsistencia. La importancia
de tal depredación ha convertido a nuestro país en el primer
exportador ilegal de animales silvestres de América Latina, ya que
más de 500 especies que conviven con nosotros se hallan en peligro
de extinción a causa de la desenfrenada cacería practicada
en montes, cursos de agua y selvas. Esto se debe a la gigantesca demanda
de pieles, cueros y carnes altamente cotizadas en el mercado internacional.
Ya desde los lejanos tiempos de la conquista muchas especies fueron consideradas
un importante recurso peletero o plumífero y desde entonces sometidas
a una constante expoliación del recurso. Así se destacan
los casos de la vicuña y el lobo fino, hoy en una lenta recuperación,
y la chinchilla de estatus actual incierto como los más conspicuos.

Los motivos principales de captura comercial de nuestra fauna pueden
agruparse en: pilíferos y/o plumíferos, e incluye en tal
denominación la obtención de cueros de aplicación
en marroquinería; mascotas o animales cautivos con fines canoros,
ornamentales o de simple curiosidad y en menor medida como recursos proteicos.
Así se destacan en el primer grupo los gatos manchados, los zorros,
los zorrinos, los lobitos de río, la vicuña, el guanaco,
los pecaríes, la nutria o coipo, las chinchillas, el carpincho,
los suris o ñandúes, los yacarés, las boas, las iguanas
o lagartos overos entre los más notables y presionados. En el segundo
grupo figuran los monos, los loros, los flamencos, los cisnes, los tucanes
y numerosas especies de passeriformes, además de peces y anfibios
varios y entre los reptiles de diversas especies de tortugas por solo destacar
las más perseguidas por este fin.

Sólo para dar algunos ejemplos, se puede citar que hoy por hoy
en la Argentina se cazan tarucas en la Sierras de Ambato (Catamarca); venados
de las pampas en la Bahía de Samborombón (Buenos Aires);
ciervos de los pantanos en Iberá (Corrientes) y huemules en el Cerro
Ventisquero (Río Negro). Todos estos ciervos autóctonos se
encuentran amenazados de extinción y están protegidos legalmente
a nivel provincial, nacional e internacional.

En todos los casos existe una cadena de comercialización con
eslabones bastante bien definidos que tienen su origen en los cazadores,
por lo general de extracción humilde encuentran en la captura de
animales silvestres su único medio de subsistencia o al menos un
suplemento importante para sus magros sueldos. Estos eslabones llevan el
común denominados de la miseria y están sometidos a los caprichos
del mercado que, a veces, no paga nada por un cuero o una piel que demandó
un significativo esfuerzo o sacrificio o bien lo abona por un mínimo
de su valor, y los restantes eslabones se quedan con toda la ganancia.

Las deficiencias de control por parte del Estado, suelen provocar equivocaciones
de todo tipo. Aunque parezca increíble, en las exposiciones anuales
de la Sociedad Rural Argentina aún hay stands de algunas provincias
que exhiben artesanías de fauna silvestre catalogada como de caza
y comercialización prohibidas.

Un diagnóstico general de la caza en la Argentina revela que:

-Se cazan tanto especies permitidas como prohibidas, incluso
aquellas amenazadas de extinción.

-Tanto los cupos como las vedas se fijan arbitrariamente, sin estudios
previos y rara vez se respetan.

-Los controles quedan supeditados a la conciencia de los mismos cazadores.

-Los permisos de caza se otorgan sin ningún tipo de examen previo.

-No existen exigencias suficientes para habilitar a los guías
de caza.

-La inversión en conservación por parte de los cazadores
prácticamente no existe.

-Los ilícitos no suelen ser denunciados a la justicia y cuando
lo son, los transgresores no reciben una pena que los desaliente.

-Las infracciones se verifican desde todos los sectores sociales
y culturales.

Debido a estos problemas, la Argentina constituye un polo de atracción
para cazadores extranjeros, que acuden por la llamativa “generosidad” de
las normas que regulan la caza de algunas especies.

Es hora que los cazadores de la Argentina realicen inversiones para
apoyar la conservación “in situ” de las especies que cazan y han
cazado en el pasado. También deben denunciar y marginar de manera
frontal y organizada a aquellos cazadores o empresas que realizan caza
furtiva. La Argentina necesita de esta actitud.

La Argentina contaba originalmente con formaciones boscosas de gran
potencial maderero y leñero de haberse planificado adecuadamente
su aprovechamiento. En lugar de esto una explotación desenfrenada
desde fines del siglo pasado ha reducido los bosques nativos a un pálido
reflejo de lo que originalmente fueron, y quedan a veces sus existencias
actuales en una situación tan crítica que solo se puede recomendar
su protección total, vedando cualquier tipo de aprovechamiento económico,
para intentar reservar así esos escasos rodales como bancos de germoplasma
que permitan conservar valiosas especies y alentar alguna vez campañas
de recuperación de su potencial forestal.

Podemos tomar como ejempla la región chaqueña donde el
quebracho colorado (Schinosis balansae) fue víctima primera
de la codicia humana para obtener el “tanino” utilizado para curtir cueros
que dio lugar a la devastación de la cuña boscosa santafesina,
para extenderse poco tiempo después con la ayuda de los ferrocarriles
a todo el ámbito chaqueño incluyendo a la otra especie de
quebracho (Schinopsis torentzii) y el palo santo (Bulnesia sarmientoi)
de hermosa veta. Últimamente la moda de los muebles de algarrobo
(Prosopis spp) ha puesto en un estado de vulnerabilidad a las especies
de este género que aun eran relativamente abundantes. En las zonas
del monte donde los algarrobales dependían de las napas freáticas
y formaban un cinturón boscoso alrededor de unas salinas, su tala
es una invitación al avance del manto salino y al despoblamiento.

La actividad forestal no solo se traduce en la obtención de
madera, sino también en la promoción del cultivo de especies
de crecimiento rápido tanto sea para la obtención de leña,
como la celulosa, materia prima del papel. Así se destacan los monocultivos
de eucaliptos (Eucalyptus spp) oriundos de Australia y pinos nativos de
Norteamérica como el eliotti (Pinus ellioti) y el taeda (Pinus taeda)
los que son preferidos por su rápido crecimiento, sin olvidarse
de las plantaciones de sauces (Salís spp) tan comunes en los ámbitos
inundables del Delta del Paraná. Así las forestaciones exóticas
van reemplazando bosques o selvas autóctonas y cubren cada año
una mayor superficie apoyadas por los créditos fiscales, otorgados
por una razón mucho más económica que técnica
o ecológica. En algunos casos la insularización de ámbitos
nacionales como ocurre en algunos Parques Nacionales es otro efecto preocupante
de estos “bosques del silencio” o “desiertos verdes” como se los ha dado
en llamar por su valor prácticamente nulo como refugio o zona de
alimentación para la fauna autóctona.

El efecto de la contaminación aún no ha sido convenientemente
evaluado en su impacto para la fauna en peligro de la Argentina y si bien
no sería causa principal de retroceso de nuestra vida silvestre,
sin duda debe ayudar a agravar la crítica situación de algunas
especies. Podríamos distinguir una contaminación aérea
o atmosférica ligada a los grandes centros urbanos e industriales
y a veces a plantas industriales particulares que producen efectos graves
incluso en la población humana. Seguramente este tipo de contaminación
es causa de pérdida o alejamiento de algunas plantas o animales
pero aún carecemos de información concreta que avale esta
presunción. Otras en cambio muestran una especial resistencia a
estas circunstancias como las calandrias que habitan las plazas céntricas
de la Ciudad Autonoma de Buenos Aires y que lucen a simple vista más
oscuras que las del campo por culpa del hollín y el smog.

La contaminación acuática es para muchas especies un
enemigo potencial. Bastaría la conexión de las plantas de
desagües cloacales o industriales a algunos ríos, arroyos o
lagunas para acabar con especies endémicas de distribución
muy limitada. Los focos de contaminación acuática más
graves del país están sumamente dispersos y a veces
son causados por una sola industria. No obstante se puede señalar
al cinturón industrial La Plata-Buenos Aires-Rosario como uno de
los sitios más contaminados. Cuencas enteras como las del Riachuelo-La
Matanza, el Reconquista-Morón, el Luján, son reflejo de años
de convivencia antinatural con los recursos fluviales. La contaminación
costera del Río de la Plata alcanza proporciones alarmanten que
los habitantes de Buenos Aires y Alrededores desde hace años, son
advertidos del peligro de bañarse o ingerir sus aguas. Pero lo mismo
podría repetirse en cada río, arroyo, lago o laguna del país
que atraviese o bordee una ciudad, incluso la cabecera oriental del Lago
Lácar en el Parque Nacional Lanín y el Lago Nahuel Huapi
en varios sectores costeros denotan efectos de una avanzada contaminación.

Se debe señalar el uso masivo de agrotóxicos, en especial
organoclorados de largo efecto residual como el D.D.T. y sus derivados
que causan anualmente la mortandad de numerosas especies útiles
a la agricultura o incluso acuáticas debido al arrastre que sufren
con las lluvias hacia los ríos y arroyos. Si bien sus efectos aún
no han sido debidamente cuantificados, muchos ambientalistas culpan a las
fumigaciones o a los cebos tóxicos de animales muertos (especialmente
aves) sin daño externo alguno o de las desapariciones locales o
temporales ce ciertas especies.

Los problemas que afectan la conservación de la extraordinaria
diversidad de ambientes y recursos naturales en la Argentina son múltiples
y complejos. Entre ellos, se destacan la expansión de actividades
agropecuarias y urbanas sobre los ambientes naturales, la falta de control
sobre la deforestación que sufren los bosques y selvas, el esquema
de generación y consumo de energía que no tiene suficientemente
en cuenta su derroche ni sus impactos ambientas, la sobreexplotación
pesquera en el Atlántico Sur e, incluso, la falta de control sobre
actividades turísticas. Todas estas actividades deben ser analizadas
en función no sólo de sus impactos particulares, sino también
del límite máximo de impactos ambientales que acumulan en
su conjunto.
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